Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo El capitán empezó a tiritar, y buscando ropa con que abrigarse, exclamó:
—¡Qué invierno tan riguroso!,... ¡Qué lástima! ¡Se van a helar las viñas!...
—¡Eh, compadre!-gritó fray Miguel, aprovechando ti momento.
El capitán abrió los ojos, y se puso a contemplarle, como sà no recordase la causa que los habÃa juntado allÃ.
—¿Qué diablo!-exclamó fray Miguel jurando como un pagano.— ¿No me conocéis? Recuerdo que antes os duraban menos las borracheras.
El capitán exclamó, llevándose tina mano a la frente:
—¡Ah! ¡Ya recuerdo!... los pasteles...
—¡Y el pastelero!-añadió aquél.
El rostro del capitán se oscureció.
—¡El pastelero!-dijo como preocupado por un recuerdo-¡La verdad que es muy raro lo que pasa!
Y se incorporé completamente, quedando sentado en el bordé dél lecho.
Fray Miguel aproximé una silla, y ocupándola, dijo.
—Vamos a hablar, compadré.
—Pero... ¿no partimos? Yo estoy sin un cuarto y tengo precisión de llegar a Salamanca... probablemente iré a pan y agua todo el camino.
—¡No os dé cuidado por eso!