Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Aquel dÃa, fray Miguel y el capitán Báez le pasaron recorriendo el pueblo y sus inmediaciones; pero sin hablar una palabra |del proyecto que les preocupaba.
Era inútil hacer planes y tirar lÃneas hasta no saber la contestación qué el pastelero daba a la propuesta.
Aun no habÃan tenido tiempo ni ocasión de sondearle, de modo que no sabÃan a cuántos grados llegaba su ambición.
Por consecuencia, nada podÃan conjeturar, ni en pro ni en contra.
Era preciso esperar a la noche.
A medida que ésta se acercaba, crecÃa Su ansiedad, porque para ellos se trataba de un negocio de vida o muerte, de una cosa que podÃa llevarlos al Capitolio y también a la roca Tarpeya.
Nadie sabe hasta qué punto puede depender la muerte o la desgracia de la decisión de un pastelero.
Cuando caminaban ya de retirada hacia la hosterÃa, el fraile dijo al capitán:
—Vais a hacerme un señalado favor...
—Hablad, camarada... Porque ya creo que podamos llamamos asÃ; ¿qué es lo que queréis?
—Es preciso que permanezcáis enteramente pasivo en la entrevista que vamos a tener con el pastelero.
