Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Fray Diego de Chaves no salió de su estancia en todo el día.
Parecía hallarse profundamente pensativo.
Cuando la noche tendió sus negras alas sobre la tierra, el dominico acercóse a la ventana y dirigió una mirada al cielo.
La lluvia azotaba los vidrios.
Fray Diego abandonó entonces el aposento, y, aventurándose por la escalera, salió de palacio.
Un buen observador hubiera comprendido desde luego, que multitud de pensamientos cruzaban por su mente.
Después de repasar varias callejas, detúvose delante de una puerta de un suntuoso edificio.
Era la casa donde Antonio Pérez pasó muchos: años felices, sin sospechar que llegara un día en que la desgracia se cebase en él.
El confesor de Felipe II vió que algunas de las habitaciones se hallaban iluminadas.
Entonces, después de un momento de dudas, levantó el aldabón y llamó.
El golpe que produjo fué repercutido por el eco en la bóveda del zaguán.
Un criado se presentó.
—¿Está en casa doña Juana?-preguntó fray Diego.
—Acaba de llegar en este momento.
