La Guerra de las Galias
La Guerra de las Galias I. Recelándose César por varios indicios de mayor revolución en la Galia, trata de reclutar nuevas tropas por medio de sus legados Marco Silano, Cayo Antistio Regino y Tito Sertio; pide asimismo al procónsul Cneo Pompeyo, pues que por negocios de la república se hallaba mandando cerca de Roma, ordenase a los soldados que en la Galia Cisalpina había alistado siendo cónsul, acudiesen a sus banderas y viniesen a juntarse con él; juzgando importar mucho, aun para en adelante, que la Galia entendiese ser tanto el poder de Italia, que si alguna pérdida padecía en la guerra, no sólo era capaz de resarcirla presto, sino también de sobreponerse a ella. En efecto, satisfaciendo Pompeyo a la petición de César como celoso del bien público y buen amigo, llenando su comisión prontamente los legados, completas tres legiones y conducidas antes de acabarse el invierno, doblado el número de las cohortes que perecieron con Titurio, hizo ver no menos por la presteza que por los refuerzos hasta dónde llegaban los fondos de la disciplina y potencia del Pueblo Romano.
