Cartas a Felice
Cartas a Felice Te quejas de que escribo poco. ¿Qué más voy a decir después de lo dicho más arriba? ¿Acaso —tanto para el que escribe como para el que lee— no ataca a los nervios cada palabra, cuando lo que estos necesitan es tranquilidad, o mejor dicho, trabajo, pero otro tipo de trabajo? Un trabajo que aporte felicidad. En este momento, al reflexionar sobre esta carta, tengo la sensación de haberla compuesto cuidadosamente para atormentarte. Y, sin embargo, no era esa mi intención, mi intención era todo lo contrario.
Franz
[Tarjeta postal. Sello: Praga, 24, I, 16]
Querida Felice, acepto el libro con profunda gratitud (no lo conozco, solo sé que el hombre es un buen amigo del Dr. Weiss), pero ¿y el reproche? ¿Acaso mis cartas no son más horribles que mi mutismo? ¿Es que mi vida no es peor aún que este? Cierto que, en conjunto, el tormento que te doy es parecido. Pero dentro de mis fuerzas y de tu ayuda no veo otro remedio que esperar, aunque la espera le triture a uno hasta convertirle en polvo. No conozco ningún otro. ¿Qué significado tiene el callar ante cartas como estas? ¿Acaso no es mejor callar? Me gustarÃa hacer que se abriera bajo mis pies una trampa que me hundiera en no sé qué profundidades donde el mÃsero resto de energÃas que me quedan se conservase para una ulterior libertad. Esto es lo único que sé.