Cartas a Milena
Cartas a Milena Este volumen tiene una dificultad añadida: no tenemos ninguna carta de la mujer a la que iban destinadas las suyas. Nos faltan los textos ante los que él reacciona: y, al ser la materia de las cartas de naturaleza mucho más espinosa —sus miedos e inhibiciones sexuales, por ejemplo— que la de otros intercambios epistolares, Kafka no se expresa siempre con esa prosa fluida y grata con la que escribe a Felice Bauer, su primera novia, sino que a menudo es un estilo fragmentario, alusivo, muchas veces elÃptico, oscuro y nebuloso. Pero no por eso menos fascinante.
Por último, desde que en los años ochenta leà la biografÃa de Milena Jesenská que escribió su amiga Margarete Buber-Neumann —biografÃa que, pese a algunos rasgos de carácter casi hagiográfico, aún merece la pena leer—, la joven praguense pasó a formar parte de mi Olimpo particular, en el que ya llevaba años entronizado, con todos los atributos de los olÃmpicos, Franz Kafka.
CARMEN GAUGER