Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Las chicas ceñidas firmemente por sus mandiles de trabajo, sobre todo por detrás. Una de ellas, en Löwy y Winterberg, esta mañana, con las tiras del mandil, cerrado sólo por detrás, anudadas no de la manera habitual, sino cruzadas una sobre otra, de manera que parecía envuelta como un bebé en sus pañales. Impresión sensual que eso me ha producido, como la que siempre he sentido, inconscientemente, ante los bebés envueltos en pañales, tan comprimidos en sus mantillas y sus camas y atados con cintas, como para satisfacer un placer.
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En una entrevista en América sobre su viaje por Bohemia[156], cuenta Edison que, en su opinión, el desarrollo relativamente superior de Bohemia (en los suburbios hay calles anchas, jardincillos delante de las casas, recorriendo el país se ven fábricas en construcción) es debido a que la emigración de los checos a América es muy fuerte y los que regresan aisladamente traen de allí nuevos ímpetus.
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Tan pronto como me doy cuenta de alguna manera de que no subsano ciertas situaciones inconvenientes cuya supresión me incumbe realmente sólo a mí (por ejemplo, la vida aparentemente satisfactoria, pero desde mi punto de vista desconsolada, de mi hermana casada[157]), pierdo por un instante la sensibilidad de los músculos de los brazos.