Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Lo que sí es seguro es que mi estado físico constituye uno de los principales obstáculos a mi progreso. Con un cuerpo así no es posible conseguir nada. Tendré que acostumbrarme a su fracaso permanente. Esta mañana, a causa de las últimas noches, que he pasado soñando brutalmente pero durmiendo sólo a ratos, me faltaba la más mínima coherencia, no sentía otra cosa que mi frente, veía muy lejos del momento actual cualquier posibilidad de un estado medianamente soportable, y en un momento dado me sentí tan dispuesto a morir, que me habría hecho un ovillo, con las actas en la mano, sobre las losas de cemento del pasillo. Mi cuerpo es demasiado largo para tanta debilidad, le falta la mínima cantidad de grasa para producir un calor de bendición, para conservar el fuego interior, la grasa de la que alguna vez el espíritu pudiera nutrirse un poco más allá del mínimo diario imprescindible, sin perjudicar al conjunto. Cómo va a poder mi débil corazón, en el que vengo sintiendo punzadas en los últimos tiempos, empujar la sangre a todo lo largo de estas piernas. Ya le cuesta bastante llegar hasta la rodilla, y luego se aboca en las frías pantorrillas con una fuerza ya meramente senil. Pero entonces ya se la vuelve a necesitar arriba, se aguarda su llegada, mientras ella todavía pierde el tiempo por abajo. La longitud de mi cuerpo hace que todo quede muy lejos. Cómo va a cumplir su deber, si quizá aunque estuviera comprimido no tendría suficiente fuerza para lo que me propongo conseguir.