Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre El olor a gasolina de un automóvil que venÃa del teatro me ha hecho advertir que a los espectadores que venÃan hacia mÃ, arreglándose con un último toque sus abrigos y sus prismáticos colgantes, les esperaba claramente un hermoso ambiente doméstico (aunque esté iluminado por una sola vela, con eso ya basta para irse a dormir), pero también que parecÃa que los mandaran del teatro a sus casas, como personajes subalternos ante los cuales ha bajado por última vez el telón y tras los cuales se han abierto las puertas por las que entraron, con el ánimo exaltado por cualquier preocupación ridÃcula, antes del comienzo de la función o durante el primer acto.