Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Hoy, durante el desayuno, estuve hablando casualmente con mi madre sobre los hijos y el matrimonio, sólo unas pocas palabras, pero por primera vez advertà claramente lo falsa y pueril que es la idea que mi madre tiene de mÃ. Me considera un chico sano con una ligera tendencia a imaginarse que está enfermo. Esas imaginaciones, dijo, desaparecerán por sà solas con el tiempo, aunque lo que las eliminarÃa por completo serÃa, desde luego, casarse y tener hijos. Entonces mi interés por la literatura también quedarÃa reducido a dimensiones adecuadas para una persona cultivada. El interés por la profesión o por la fábrica o por aquello que en cada momento tenga yo entre manos adquirirá con toda naturalidad la proporción que le corresponde. De ahà que no haya la menor razón, accesible a intuición alguna, para desesperar a la larga por mi futuro, y aunque sà sea motivo de desesperación pasajera, aunque no desde luego profunda, el que yo continúe creyendo que mi estómago funciona mal o que si no puedo dormir es porque escribo demasiado. Posibilidades de solución las hay a millares. Lo más probable es que de pronto me enamore de una chica y ya no pueda pasar sin ella. Entonces veré lo mucho que me quieren y cómo no me ponen obstáculos. Pero si me quedo soltero, como el tÃo de Madrid[215], tampoco será una desgracia, pues, con lo listo que soy, ya sabré arreglármelas.
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