Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Cuando me dirigía al teatro me sentía bien. Saboreaba mi interior como si fuera miel. Lo bebía de un solo trago. En el teatro eso cesó enseguida. Era, por cierto, la velada teatral de la noche anterior: Orpheus in der Unterwelt [Orfeo en los infiernos], con Pallenberg[280]. La representación fue tan mala, y los aplausos y las risas a mi alrededor, en las localidades de pie del patio de butacas, tan ruidosos que no me quedó otro remedio que irme después del segundo acto y hacerlos callar así a todos.
Anteayer escribí una buena carta a Trautenau, a propósito de una posible gira de Löwy[281]. Cada nueva lectura de la carta me proporcionaba calma y fuerza, tantas eran las cosas que en ella constituían referencias tácitas a todo lo bueno que hay en mí.
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El fervor que recorre todo mi ser cuando leo cosas sobre Goethe (conversaciones con Goethe, años de estudiante de Goethe, horas con Goethe, una estancia de Goethe en Fráncfort) y que me mantiene apartado de toda actividad de escribir.
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