Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Así que, como la Historia de una finca no resultaba apropiada, se pusieron de acuerdo en el otro programa, Dehmel, Rideamus, Prometheus y Swet Marten. Ahora bien, para mostrar de antemano a la señora Durège qué clase de hombre era él, le llevó el manuscrito de un artículo suyo, «Lebensfreude» [Alegría de vivir], que había escrito durante el verano de este año. Lo había escrito en el lugar donde veraneaba, durante el día lo estenografiaba y por la noche lo pasaba a limpio, lo pulía, tachaba cosas, pero en realidad no le había dado demasiado trabajo, pues enseguida le había quedado muy bien. Si quiero, me lo presta, es cierto que está escrito, adrede, en estilo popular, pero hay en él buenos pensamientos y está «logrado», como suele decirse. (Risa aguda, con la barbilla levantada.) Puedo hojearlo allí mismo, bajo la luz eléctrica. (Es una invitación a la juventud a no estar triste, pues allí están la naturaleza, la libertad, Goethe, Schiller, Shakespeare, las flores, los insectos, etc.) La Durège dijo que en ese momento no tenía tiempo de leerlo, pero que si él podía prestárselo se lo devolvería al cabo de un par de días. Ya en ese momento concibió él sospechas y no quiso dejarlo allí, se resistió, dijo por ejemplo: Verá usted, señora Durège, para qué voy a dejarlo aquí, no son más que banalidades, está bien escrito pero… No le valió de nada, tuvo que dejarlo allí. Eso fue el viernes.