Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Se celebraba una petición de mano. El banquete había concluido, la concurrencia se levantó de la mesa, fueron abiertas todas las ventanas, era un hermoso y cálido atardecer de junio. La novia se hallaba en medio de un círculo de amigas y conocidos, los demás formaban pequeños grupos, aquí y allá se oían grandes risas. El novio, solo, estaba apoyado en la puerta que daba al balcón y miraba hacia fuera.
Pasado un rato la madre de la novia lo advirtió, fue hacia él y dijo: «¿Cómo es que estás aquí tan solo? ¿No vas a ir con Olga? ¿Os habéis peleado?». «No», respondió el novio, «no nos hemos peleado.» «Pues entonces», dijo la mujer, «¡ve a donde está tu novia! Tu comportamiento empieza a llamar la atención.»
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El carácter espantoso de lo que es meramente esquemático.
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La mujer que alquilaba habitaciones, una viuda endeble vestida de negro con una falda que caía recta, se hallaba de pie en la habitación central de su casa vacía. Aún estaba todo en silencio, la campanilla no se movía. También reinaba el silencio en la calle, la mujer había elegido adrede una calle tan silenciosa porque quería buenos inquilinos, y los mejores son los que exigen tranquilidad.