Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre 12.VI 1914. Kubin[398]. Cara amarillenta, pelo ralo, aplastado sobre el cráneo, de vez en cuando un brillo acucioso en sus ojos. Miedo al contagio, la ha besado a ella abajo, ya se ve a sà mismo deshecho, habla de su «querida mujer», a la que lleva esta desgracia. Agarra dichoso la más estúpida de nuestras palabras tranquilizadoras y, pasado un rato, se la quita de las manos con gran listeza. — Wolfskehl[399], medio ciego, desprendimiento de retina, ha de guardarse de caÃdas y golpes, pues de lo contrario puede caérsele el cristalino y entonces todo habrÃa acabado. Al leer tiene que sostener el libro muy cerca de sus ojos e intentar atrapar las letras con el rabillo. Estuvo en la India con Melchior Lechter[400], enfermó de disenterÃa, se lo come todo, cualquier fruta que ve tirada en la suciedad de la calle. — Pachinger cortó con una sierra el cinturón de castidad de plata de un cadáver, alejó de allà a los trabajadores que lo habÃan desenterrado en algún lugar de Rumania, los tranquilizó diciéndoles que se trataba de una pequeñez carente de todo valor que querÃa llevarse como recuerdo, cortó el cinturón con una sierra y se lo arrancó al esqueleto. Si en la iglesia de una aldea encuentra una Biblia valiosa o un cuadro o un pergamino que él quiere tener, lo arranca de los libros, de las paredes, del altar, deposita como compensación una moneda de dos reales y se queda tan tranquilo. — Le gustan las mujeres gordas. Todas las mujeres que ha poseÃdo han sido fotografiadas. Un montón de fotografÃas, que enseña a cuantos lo visitan. Él se sienta en un rincón del sofá, el visitante en el otro, bastante lejos de él. Pachinger apenas echa un vistazo y sin embargo siempre sabe cuál es la fotografÃa a la que toca el turno, y de acuerdo con ello da sus explicaciones. Ésta era una vieja viuda, estas otras, las dos criadas húngaras, etc. — Sobre Kubin: «SÃ, maestro Kubin, está usted en pleno auge, si sigue asà puede llegar a tener usted, dentro de diez o veinte años, una posición como la de Bayros[401]».