Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre «¿Has escrito ya a tu tío[486]?», me preguntó mi madre, tal como yo estaba aguardando con maldad desde hacía un buen rato. Ella venía observándome, angustiada, hacía ya bastante tiempo; por diversas razones no se atrevía, en primer lugar, a preguntarme, y, en segundo lugar, a hacerlo delante de mi padre; no obstante, preocupada como estaba, pues veía que iba a irme, acabó por preguntarme. Cuando pasé por detrás de su silla, levantó los ojos de los naipes, volvió la cara hacia mí con un gesto delicado, un gesto que pertenece a un lejano pasado y que de alguna forma fue resucitado para ese instante, y me preguntó, mirándome sólo fugazmente, sonriendo con timidez y humillada ya por la pregunta, aun antes de recibir una respuesta.
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16.XII 1913. «El grito atronador del éxtasis de los serafines[487].»
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Yo estaba sentado en la mecedora, en casa de Weltsch, hablábamos sobre el desorden de nuestras vidas, él lo hacía con cierta confianza («Hay que querer lo imposible»), yo sin ella, mirándome los dedos, con el sentimiento de ser representante de mi vacío interior, que es exclusivo y ni siquiera excesivamente grande.
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Carta a Bloch.
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