Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Un domingo a mediodía estaban sentados a la mesa los padres y sus hijos ya mayores, un varón y una hembra. La madre acababa de ponerse en pie y estaba metiendo el cucharón en la panzuda sopera para servir la sopa, cuando de repente la mesa entera se elevó, el mantel ondeó, las manos posadas sobre la mesa se deslizaron hacia abajo, sobre el regazo del padre se vertió la sopa con sus albóndigas de tocino, que echaron a rodar.
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La forma en que casi acabo de insultar a mi madre porque ha prestado a Elli Die böse Unschuld [La mala inocencia[504]], libro que, todavía ayer, yo mismo quise ofrecerle. «¡Déjame mis libros! No tengo otra cosa.» Y frases parecidas, con verdadera furia.
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La muerte del padre de la Thürheim: «Los médicos, que acudieron poco después, encontraron muy débil su pulso y no le dieron al enfermo más que pocas horas de vida. Dios mío, estaban hablando de mi padre — un plazo de apenas un par de horas, y luego, muerto[505]».
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