Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre 21[II].II 1914. Goethe, de Dilthey[513], leído por encima, violenta impresión, arrastra consigo a uno, ¿por qué no podría uno encenderse y consumirse en el fuego? ¿U obedecer, aunque no oiga ningún mandamiento? Estar sentado en una silla en el centro del cuarto vacío de uno y mirar el entarimado. Gritar «adelante» en un desfiladero de la montaña y oír gritar y ver salir a hombres aislados de todos los caminos laterales, entre las rocas.
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13.II 1914. Ayer, en casa de la señora Thein. Tranquila y enérgica, con una energía que se impone sin fisuras, horadando, penetrando con sus miradas, sus manos y sus pies. Franqueza, mirada franca. Recuerdo siempre sus sombreros estilo Renacimiento de otros tiempos, feos, enormes, solemnes, con plumas de avestruz, hasta que la conocí personalmente me resultaba repulsiva. La forma en que, cuando se apresura a llegar al final de su relato, aprieta contra su cuerpo sus manguitos y éstos, sin embargo, tiemblan con sacudidas. Sus hijas Nora y Mirjam.
En su mirada, en el modo en que se olvida de sí misma durante el relato, en su completa participación en él, en su cuerpo pequeño, vivaracho, incluso en su voz dura, ronca, en lo que dice sobre hermosos vestidos y sombreros, mientras que en ella misma no cabe ver nada de tales cosas, se parece mucho a W.[514]