Diarios & Carta al padre

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4 [de noviembre de 1914]. Ha regresado Pepa[544]: gritón, excitado, desquiciado. Historia del topo que abría galerías debajo de él en la trinchera y al que consideró como una señal divina para retirarse de allí. Nada más irse él de aquel sitio, una bala hirió a un soldado que lo había seguido a rastras y que en ese momento se encontraba encima del topo. — Su capitán. Se vio claramente cómo lo hacían prisionero. Al día siguiente lo encontraron desnudo, traspasado por bayonetas, en el bosque. Probablemente llevaba dinero encima, quisieron cachearlo y robarlo, pero él, «ya se sabe cómo son los oficiales», no se dejaría poner la mano encima. — Pepa casi lloró de rabia e indignación cuando, viniendo de la estación, se topó con su jefe (al que antes había venerado de forma excesiva y ridícula), el cual, elegantemente vestido, perfumado, con los gemelos en bandolera, iba al teatro. Un mes más tarde él hizo lo mismo, con una entrada que ese jefe suyo le había regalado. Fue a ver una comedia, Der ungetreue Eckehart [El infiel Eckehart[545]]. — Durmió una vez en el castillo del príncipe Sapieha, otra vez delante casi de las baterías austriacas en acción, mientras estaba en la reserva, otra vez en la habitación de una casa de labor en la que dormían, una en cada una de las dos camas situadas a derecha e izquierda, junto a las paredes, dos mujeres, también una muchacha, detrás de la estufa, y en el suelo, ocho soldados. — Castigo para soldados. Quedar atado a un árbol hasta ponerse lívido. Porque él, por ejemplo, en contra del reglamento, había entregado en no sé qué sitio, donde efectivamente se perdió, la tarjeta de mi hermana.


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