Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre 24.XI [1914]. Ayer, en la Tuchmachergasse, donde se distribuye ropa de casa y vestidos viejos a los refugiados de Galitzia[546]. Max, la señora Brod, el señor Chaim Nagel[547]. El buen juicio, la paciencia, la amabilidad, la laboriosidad, la locuacidad, el ingenio del señor Nagel, la confianza que inspira. Personas que llenan tan completamente su círculo que uno piensa que todo ha de salirles bien en el círculo entero del mundo, pero precisamente el no rebasar su círculo forma parte de su perfección. — La lista, vivaz, orgullosa y modesta señora Kannegiesser, de Tarnow, que sólo quería dos mantas, pero bonitas, y que, pese a la protección de Max, sólo ha recibido, sin embargo, mantas viejas y sucias, en tanto que las mantas nuevas, buenas, estaban en una habitación aparte, donde se guardan generalmente todas las piezas buenas para la gente fina. Tampoco quisieron darle las mantas buenas porque ella sólo las necesitaba para dos días, hasta que le llegase de Viena su ropa de casa, y por el peligro del cólera no está permitido admitir la devolución de las prendas usadas. — La señora Lustig, con muchos niños de todas las tallas y una hermana bajita, descarada, segura de sí misma, que no se estaba quieta. Tarda tanto tiempo en escoger un vestidito de niño que la señora Brod le grita: «O coge usted ahora mismo éste, o se queda sin ninguno». Pero la señora Lustig responde dando gritos aún más fuertes y acaba diciendo, con un movimiento amplio y furibundo de su mano: «La Mizwe [‘buena acción’] vale más que todos estos Schmatten [‘disputas’]».