Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Anoche, en la Schützeninsel, no encontré a mis compañeros y me marché enseguida. Causé cierta impresión con mi chaquetilla y mi arrugado sombrero blando en la mano, pues fuera hacía frío, pero allí calor, debido a la respiración de los bebedores de cerveza, de los fumadores y de los músicos de la orquesta militar. La orquesta no quedaba muy en alto, y no podía estarlo, porque la sala es bastante baja, y llenaba uno de los extremos de la sala hasta la pared lateral. Qué apretada estaba aquella cantidad de músicos encajada en aquel extremo de la sala. Esa impresión de encajonamiento desaparecía luego un poco en la sala, pues las plazas cercanas a la orquesta estaban bastante vacías y la sala sólo se llenaba hacia su mitad.
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