Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Apiádate de mÃ, soy pecador hasta los últimos recovecos de mi ser. Pero tuve aptitudes no despreciables del todo, pequeñas cualidades, las despilfarré, pues no recibà consejo, ahora estoy casi acabado, justo cuando, externamente, todo podrÃa tomar un giro favorable para mÃ. No me eches entre los perdidos. Sé que es un amor propio ridÃculo, ridÃculo de lejos e incluso de cerca, el que inspira estas palabras, pero como vivo, también tengo el amor propio de lo vivo, y si lo vivo no es ridÃculo, tampoco lo son sus manifestaciones necesarias. Pobre dialéctica. (Si estoy condenado, no sólo estoy condenado hasta el final, sino también condenado a defenderme hasta el final.)
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El domingo por la mañana, poco antes de mi partida, me pareció que querÃas ayudarme[664], yo tenÃa esa esperanza, vana esperanza hasta hoy. (Y cualquiera que sea mi queja, carece de convicción, carece incluso de un sufrimiento real, se balancea como el ancla de un barco perdido, que flota muy por encima de la profundidad que podrÃa sujetarlo.) Dame al menos descanso por las noches — lamento pueril.
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