Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre 2 de agosto [de 1917]. Casi siempre aquél a quien uno busca vive al lado. No es posible explicar esto sin más, es preciso aceptarlo primero como un hecho empÃrico. Tiene causas tan profundas que uno no podrÃa impedirlo ni aunque se lo propusiera. Se debe a que uno no sabe nada de ese vecino que busca. En efecto, uno no sabe ni que lo busca ni que él vive al lado, aunque con toda seguridad vive al lado. Uno puede, naturalmente, conocer el hecho empÃrico en general, este conocimiento no lo estorba lo más mÃnimo, aunque uno siempre lo tenga presente adrede. Voy a contar un caso asÃ:
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Pascal pone todo en orden antes de la salida a escena de Dios, pero tiene que haber un escepticismo más hondo, más angustiado, que el del hombre en su trono que se corta en pedazos con cuchillos ciertamente maravillosos, pero con la calma del carnicero ritual. ¿De dónde viene esa calma? ¿La seguridad en el manejo del cuchillo? ¿Es Dios un carro de triunfo teatral que, admitidos todo el esfuerzo y toda la desesperación de los trabajadores, es arrastrado desde lejos hasta el escenario mediante cuerdas[677]?
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