Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Lo que dijo Milena, sin poder comprender del todo su verdad (también hay un orgullo justificado, triste) sobre la felicidad de charlar con la gente. ¡A quién puede la charla alegrar más que a mÃ! Demasiado tarde, probablemente, y dando un extraño rodeo, retorno a la gente.
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5 [de febrero de 1922]. Me he escapado de ellos. Algún hábil salto. En casa, junto a la lámpara, en el cuarto silencioso. Es imprudente decirlo. Eso los saca de los bosques, como si uno hubiera encendido la lámpara para ayudarles a encontrar el rastro.
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6 [de febrero de 1922]. Consuelo al oÃr que alguien ha hecho el servicio militar en ParÃs, Bruselas, Londres, Liverpool, en un vapor brasileño que remontaba la corriente del Amazonas hasta la frontera de Perú, que durante la guerra ha soportado con relativa facilidad los terribles padecimientos de la campaña de invierno en las Siete Comunas porque desde su niñez estaba acostumbrado a soportar esas fatigas[745]. El consuelo consiste no sólo en la demostración de esas posibilidades, sino en el placentero sentimiento de que, a la vez que esas conquistas de primer plano, necesariamente tuvieron que ser ganadas muchas otras cosas en un segundo plano, arrancadas muchas cosas con los puños crispados. Por lo tanto es posible.