Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre En cambio sí sé hacer cosas como ésta: yo siempre la había tratado de señorita y ella se había acostumbrado a eso; en una ocasión llegué a casa a una hora inhabitual y la vi fregando el suelo del frío vestíbulo. Entonces no me costó el más mínimo esfuerzo evitarle el bochorno saludándola y pidiéndole algo referido a la calefacción.
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En el viaje de vuelta de Raspenau a Friedland[793], a mi lado, ese hombre rígido, que parecía muerto, al que le colgaba la barba bajo la boca abierta y que, al preguntarle yo por una estación, me dio, volviéndose amablemente hacia mí, la más vivaz información.
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