Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre La habitación de Keller, cerrada[812]. Oficina de turismo. Casa luminosa detrás de un callejón oscuro. Casas con terraza en la orilla derecha del Limmat. Postigos de flamantes blancos y azules. Los soldados que caminan des pació son policías. Sala de conciertos. El Politécnico no buscado ni encontrado. Ayuntamiento. Almuerzo en el primer piso. Vino de Meilen (vino esterilizado hecho con uvas frescas). Una camarera de Lucerna nos indica los trenes que llevan allí. Sopa de guisantes con tapioca, ju días salteadas. Crema de limón. — Casas decorosas de artesanos. Salida a eso de las tres hacia Lucerna bordean do el lago. Las orillas vacías y oscuras, rodeadas de colinas boscosas, del lago de Zug, formando continuas lenguas de tierra. Paisaje americano. Durante el viaje, rechazo de las comparaciones con países nunca vistos. Grandes panoramas en la estación de Lucerna. A la derecha de la estación, pista de patinaje. Nos metemos entre los empleados de hotel y gritamos Rebstock[813]. ¿Es el hotel entre los hoteles como el empleado entre los empleados? Un puente (según Max) separa como en Zúrich el lago del río. ¿Dónde está la población de habla alemana que justifique los rótulos en alemán? Casino. En Zúrich los suizos que veíamos no parecían tener gran talento para la hostelería; aquí, donde sí lo tienen, desaparecen: quizá incluso los hoteleros son franceses. Enfrente, el hangar de los globos vacío. Difícil imaginarse la aeronave entrando lentamente. Pista de patinaje sobre ruedas. Parece Berlín. Fruta. Al atardecer, la oscuridad del paseo de la playa se delimita bajo las copas de los árboles. Señores con hijas o prostitutas. Se balancean las barcas, visibles hasta la arista afilada inferior. Ridicula recepcionista en el hotel, una muchacha risueña nos conduce subiendo y subiendo sin parar hasta la habitación, camarera seria y de mejillas sonrosadas. Escaleras estrechas. En la habitación, caja fuerte empotrada, cerrada a cal y canto. Me alegro de estar fuera de la habitación. Me habría gustado cenar fruta. Hotel Gotthard, chicas con traje tradicional suizo. Compota de albaricoque, vino de Meilen. Dos mujeres de edad avanzada y un señor hablan del envejecimiento. Descubrimos el casino de Lucerna. Un franc entrée. Dos mesas largas. Cosas verdaderamente dignas de ver son difíciles de describir, porque hay que hacerlo prácticamente rodeado de gente que espera. En cada mesa, un crupier en el centro, con dos vigilantes a ambos lados.