Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Martes 29 de agosto [de 1911]. Esta bonita habitación con balcón. La amabilidad. Demasiado encerrado entre montañas. Un hombre y dos chicas, con impermeables, uno detrás de otro, cruzan el vestíbulo por la tarde con bastones de alpinista, cuando ya están todos en la escalera los detiene una pregunta de la camarera. Gracias, ya están enterados. A una nueva pregunta, ahora sobre la excursión, responden: Tampoco ha sido tan fácil, no se vaya a pensar. En el vestíbulo me parecen salidos de Miss Du delsack[816], en la escalera a Max le parecen de Ibsen, y a mi luego también. Prismáticos olvidados. En el ferrocarril nos enteramos de que incluso una señora mayor viaja hacia Génova. Muchachos con bandera suiza. Baño en el lago de los Cuatro Cantones. Matrimonio. Salvavidas. Paseantes por la Axenstrasse. El mejor baño, porque uno podía instalarse por su cuenta. Pescadoras con vestido blanco y amarillo. Subimos al funicular del Gotardo. Reuss. Agua medio lechosa de nuestros ríos. La flor húngara. Labios gruesos. Exótica línea de la espalda al trasero. El hombre guapo allí, entre los húngaros. En Italia, el suelo cubierto de hollejos de uva escupidos, que sin embargo van desapareciendo hacia el sur. Asamblea de jesuitas en la estación de Göschenen. Italia repentina, mesas puestas delante de las hosterías, un hombre joven de todos los colores, incapaz de contenerse, gestos de la mano de las mujeres que se despiden (imitación de una especie de pellizco), morena con peinado alto junto a una estación, casas rosa claro, rótulos descoloridos. Luego desaparece lo italiano o sale a la vista el trasfondo suizo. Mujeres en las casetas de los guardavías, recuerda una pelea. Cascadas del Tesino, cascadas por todas partes. Lugano alemán. Palestra ruidosa. Estafeta recién construida. Hotel Belvedere. Concierto en el balneario. No hay fruta.