Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Joven italiana con cara básicamente judÃa, que de perfil adquiere un carácter menos judÃo — cómo se levantó, alargó las manos hacia la balaustrada y sólo se veÃa el delgado cuerpo sin la prolongación de los brazos y hombros, cómo extendió los brazos hacia las jambas de la ventana, cómo se sujetó con las dos manos a una jamba en medio de la corriente de aire como quien se agarra a un árbol. — LeÃa una novelucha policiaca que su hermano pequeño le estuvo pidiendo en vano durante un buen rato. — Al lado su padre con nariz marcadamente aguileña mientras que la suya en el mismo lugar estaba suavemente curvada y por eso era más judÃa — me miró muchas veces, con la curiosidad de ver si dejaba de una vez de ponerme pesado mirándola — su vestido de seda cruda — a mi lado señora grande gorda y perfumada que dispersa su perfume por el aire con el abanico — sus abundantes carnes le desbordan los pies y empiezan a ascender justo en el empeine — a su lado siento como si me estuviera secando — en la consigna la pantalla de hojalata de la llama de gas tiene la forma de un sombrero plano de señorita — entretenida variedad de rejas en las casas — seguÃamos buscando la Scala hasta encontrarnos bajo el mismo arco de su entrada y luego al salir a la plaza y ver su fachada sencilla y desconchada nos pareció comprensible nuestro error — vemos con creciente aprobación el aumento del tráfico en dirección al centro de la ciudad, hasta que en la plaza de la catedral no vemos otra cosa que tranvÃas eléctricos rodeando lentamente el monumento de Vittorio Emanuel, nos apartamos y buscamos un hotel — nos alegramos por tener dos habitaciones comunicadas entre sà gracias a una doble puerta. Cada uno puede abrir una puerta. A Max le parece idóneo también para matrimonios. — Primero anotar una idea, luego leerla en voz alta, no anotarla mientras se lee en voz alta, pues en ese caso sólo sale bien el impulso mental que lleva a la escritura, y lo que se quiere escribir a continuación se disipa. — Conversación sobre muerte aparente y punción en el corazón en una mesita de un café de la plaza de la catedral. Mahler también pidió una punción en el corazón[823]. Ante esa conversación, el tiempo que tenÃamos previsto pasar en Milán se encoge considerablemente pese a una leve resistencia por mi parte. — La catedral irrita con sus muchos pináculos. — Desarrollo de la decisión de viajar a ParÃs: el momento en Lugano leyendo el Excelsior, viaje a Milán debido a la compra no del todo voluntaria de los billetes para Milán por Porto Ceresio, de Milán a ParÃs por miedo al cólera y por el deseo de obtener una compensación por ese miedo. Además cálculo de las ventajas económicas y temporales de ese viaje