Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Cuando aquello ya se habÃa vuelto intolerable[74] —era un atardecer de noviembre— y yo daba vueltas sobre la estrecha alfombra de mi habitación como por una pista de carreras, asustado por la vista de la calle iluminada, y giraba otra vez, asustado por el aspecto de la calle iluminada, y volvÃa a encontrar una nueva meta al fondo del espejo, en las profundidades de la habitación, y gritaba para oÃr sólo el grito al que nada responde y al que nada le quita tampoco la fuerza misma del gritar, que asciende, pues, sin contrapeso y no puede cesar aunque enmudezca, en ese momento se abrió la puerta en la pared, muy deprisa, pues la prisa era necesaria y hasta los caballos enganchados al carruaje se encabritaron abajo, sobre el adoquinado, como caballos enloquecidos en una batalla con las gargantas al descubierto.