Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Me dispongo a unirme al grupo, pero no, ellos van primero a merendar, yo he de ir más tarde con el padre. Me dice que pase por la casa a las cuatro. Después de despedirme de Max, paso a buscar al padre. Conversación con el cochero delante de la puerta. Voy con el padre. Conversación sobre Silesia, el Gran Duque, Goethe, el Museo Nacional, fotografía y dibujo y el nerviosismo de nuestra época[875]. Paramos delante de la casa en la que están merendando. Él se va hacia allí a decirles que se asomen al mirador, porque quiere hacer fotografías. De puro nerviosismo me pongo a jugar a la pelota con una niña. Voy con los hombres, delante de nosotros las dos mujeres, delante de ellas las tres chicas. Un perrillo corretea entre los tres grupos. Palacio de Tiefurt. Visita con las tres chicas. Muchas cosas, dice ella, también las tienen en la casa de Goethe, e incluso mejores. Explicaciones ante los retratos de Werther. Habitación de la señorita Von Göchhausen[876]. La puerta condenada. La figura que representa el perro faldero. Luego nos marchamos con sus padres. Dos fotografías en el parque. Una en el puente, que no sale bien pese a los repetidos intentos. Por fin, de vuelta, definitivo contacto, sin que en realidad haya ningún vínculo. Lluvia. Anécdotas de bromas del carnaval de Breslau en el Archivo. Despedida delante de la casa. Me quedo parado en la Seifengasse. Mientras yo estaba fuera, Max ha estado durmiendo. Por la noche, tres encuentros absurdos. Ella con su amiga. Las acompañamos por primera vez. Puedo pasar por el jardín a partir de las seis cuando quiera. Ahora tiene que irse a casa. Más tarde volvemos a topar con ellas en la Rundplatz, preparada para un duelo. Hablan con un joven, con tono más hostil que amigable. Pero ¿cómo es que no se han quedado en casa, después de acompañarlas nosotros a la Goetheplatz? ¿No decían que tenían que irse a casa a toda prisa? ¿Y por qué aparecían ahora corriendo por la Schillerstrasse, bajando por las pequeñas escaleras hacia aquella plaza retirada, evidentemente sin haber pasado por casa en ningún momento, perseguidas por el chico o para ir a su encuentro? ¿Por qué una vez allí se dieron la vuelta después de intercambiar algunas palabras con el chico a diez pasos de distancia y, aparentemente, rechazar su compañía, se marcharon corriendo por donde habían venido? ¿Las habíamos molestado, nosotros, que nos habíamos limitado a pasar por allí y saludarlas? Luego volvimos poco a poco sobre nuestros pasos; y cuando llegamos a la Goetheplatz nos las topamos otra vez casi de frente cuando salían, al parecer muy asustadas, de otra calle. Nos dimos la vuelta por delicadeza. Pero estaba claro que una vez más habían dado un rodeo.