Diarios & Carta al padre

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Martes 2 [de julio de 1912]. Casa de Goethe. Buhardillas. Miramos las fotos con el conservador. Niños que andan por allí. Hablamos de fotografía. Continua búsqueda de una ocasión para hablar con ella. Se va a costura con una amiga. Nosotros nos quedamos. — Por la tarde en la casa de Liszt[879]. La casa de un virtuoso. La vieja Pauline. Liszl trabajaba de cinco a ocho, luego iglesia, luego siesta, después de las once visitas. Max en la piscina, voy a buscar las fotos, me la encuentro por la calle, la acompaño hasta la puerta. El padre me enseña las fotografías[880], traigo soportes para fotos, pero llega el momento en que tengo que marcharme. Ella me sonríe absurda e inútilmente a espaldas de su padre. Lamentable. Se me ocurre llevar las fotografías a ampliar. En la droguería. Vuelvo otra vez a la casa de Goethe por el negativo. Ella me ve por la ventana y me abre. — Múltiples encuentros con Grete. Comiendo fresas; delante del jardín de Werther, donde hay un concierto. La agilidad de su cuerpo dentro del vestido holgado. Los oficiales que vienen de la «corte rusa», todos muy altos. Uniformes para todos los gustos. Esos hombres esbeltos y fuertes vestidos de oscuro. — La reyerta en el callejón retirado. «¡Menudo cerdo debes de ser!» La gente asomada a las ventanas. La familia que se marcha de allí, un borracho, una vieja con un cesto a la espalda y remolcando a dos chavales. — Siento una opresión en la garganta al pensar que pronto tendré que marcharme de la ciudad. Descubrimiento del Tivoli[881]. Las mesas junto a la pared se llaman «balcón lateral». La señora mayor, encantadora de serpientes, su marido, que trabaja de mago. Los caballeros teutones femeninos.


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