El Castillo

El Castillo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Como habrá notado, señor agrimensor, ya conocía el asunto. El que no haya emprendido nada tiene dos motivos, primero mi enfermedad, y segundo que, como usted no venía, pensé que había renunciado al trabajo. Ahora que ha sido tan amable de venir a verme, debo decirle la desagradable verdad. Ha sido aceptado como agrimensor, como usted dice, pero, por desgracia, no necesitamos a ningún agrimensor. No hay ningún trabajo para usted. Los límites de nuestras pequeñas propiedades han sido trazados, todo ha sido registrado convenientemente, apenas hay transmisiones de la propiedad y las pequeñas disputas de límites las arreglamos entre nosotros. ¿Para qué necesitamos, pues, a un agrimensor?

K, sin que hubiera pensado antes en ello, estaba convencido en su interior de haber esperado una comunicación similar. Por eso mismo pudo responder inmediatamente:

—Eso me sorprende mucho y arroja todos mis cálculos por la borda. Sólo espero que se trate de un malentendido.

—Por desgracia, no —dijo el alcalde—, es como le digo.

—Pero ¿cómo es posible? —exclamó K—, no he emprendido un viaje larguísimo para ahora ser mandado de vuelta.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker