El Castillo
El Castillo —Tal vez —dijo Olga—, aunque no sĂ© muy bien a quĂ© te refieres. Quizá lo hayas dicho como una alabanza. Pero en lo que respecta al traje oficial, es una de las preocupaciones de Barnabás y como compartimos las preocupaciones, tambiĂ©n lo es mĂa. ÂżPor quĂ© no recibe un traje oficial? Nos preguntamos en vano. Ahora bien, no se trata de un asunto fácil. Los funcionarios, por ejemplo, parecen no tener ningĂşn traje oficial; por lo que sabemos aquĂ y por lo que cuenta Barnabás, los funcionarios llevan trajes normales pero bonitos. Por lo demás, ya has visto a Klamm. Bueno, Barnabás no es un funcionario, ni siquiera, naturalmente, uno de la categorĂa más baja, tampoco tiene la audacia de querer serlo. Pero tampoco criados superiores, que no aparecen nunca por el pueblo, segĂşn el informe de Barnabás, tienen trajes oficiales. Eso es un consuelo, se podrĂa pensar, pero resulta engañoso, pues Âżacaso es Barnabás un criado superior? No, por más afecto que se le tenga, eso no se puede decir, no es un criado superior, el mero hecho de que venga al pueblo, incluso de que viva aquĂ, es una prueba en contra, los criados superiores son más reservados que los funcionarios, quizá con razĂłn, quizá son incluso superiores a algunos funcionarios, hay algunos indicios de ello, trabajan menos y, segĂşn Barnabás, resulta un espectáculo maravilloso ver a ese grupo de hombres fuertes y seleccionados andar lentamente por los pasillos, Barnabás siempre ronda a su alrededor. En suma, no se puede afirmar que Barnabás sea un criado superior. AsĂ que podrĂa ser uno de los inferiores, pero Ă©stos tienen trajes oficiales, al menos cuando bajan al pueblo, no es una librea en el propio sentido del tĂ©rmino, tambiĂ©n presentan muchas diferencias, pero de todas formas siempre se reconoce en seguida por el traje a los criados del castillo, tĂş ya has visto a esa gente en la posada de los señores. Lo más llamativo en los trajes es que la mayorĂa de las veces son muy ajustados, un campesino o un artesano no los podrĂa utilizar. Bueno, pues Barnabás no tiene ese traje, eso no sĂłlo es vergonzoso, sino indigno, se podrĂa soportar, pero —sobre todo en las horas sombrĂas y, a veces, no es raro, Barnabás y yo las tenemos— nos hacen dudar de todo. ÂżEs un servicio del castillo el que presta Barnabás? Nos preguntamos entonces; cierto, va a las oficinas, pero Âżson las oficinas el castillo? Y aun cuando las oficinas pertenezcan al castillo, Âżson las oficinas el lugar donde Barnabás puede entrar? Él entra en oficinas, pero sĂłlo son una parte de todas ellas, despuĂ©s hay barreras y detrás hay más oficinas. No se le prohĂbe seguir avanzando, pero no puede seguir avanzando cuando ya ha encontrado a sus superiores, le han despachado y despedido. Además, allĂ siempre te observan, al menos asĂ se cree. E incluso si siguiese avanzando, Âżde quĂ© servirĂa si allĂ no tiene ningĂşn trabajo administrativo y serĂa un intruso? Esas barreras no te las tienes que imaginar como una determinada frontera, sobre ello Barnabás siempre me llama la atenciĂłn. En las oficinas tambiĂ©n hay barreras, por las que Ă©l pasa, por lo tanto tambiĂ©n hay barreras que atraviesa y que no se distinguen de aquellas por las que no ha pasado, y no puede afirmarse de antemano que detrás de esas Ăşltimas barreras no haya otras oficinas en esencia iguales a aquellas en las que Barnabás ya ha estado. SĂłlo en esas horas sombrĂas lo cree asĂ. Y luego la duda se extiende, no se puede evitar. Barnabás habla con funcionarios y recibe mensajes, pero ÂżquĂ© tipo de funcionarios y quĂ© tipo de mensajes? Ahora, como Ă©l dice, ha sido asignado a Klamm y recibe personalmente de Ă©l los encargos. Bueno, eso ya serĂa mucho, incluso hay criados superiores que no han llegado tan lejos, casi es demasiado, eso es lo angustioso. Piensa, ser asignado directamente a Klamm, hablar con Ă©l de tĂş a t. Pero Âżes asĂ? Bien, asĂ es, pero Âżpor quĂ© duda entonces Barnabás de que el funcionario al que se designa con el nombre de Klamm sea realmente Klamm?