El Castillo
El Castillo —¿La carta? —dijo Olga—. Bueno, después de un tiempo, cuando he insistido lo suficiente a Barnabás, pueden haber pasado dÃas o semanas, toma la carta y la va a entregar. En esas nimiedades es muy dependiente de mÃ. Cuando he superado la primera impresión de su relato de los hechos, me puedo calmar, algo de lo que él, probablemente porque sabe más, no es capaz. Y asà le puedo repetir: «¿Qué quieres realmente, Barnabás? ¿Con qué carrera, con qué objetivos sueñas? ¿Acaso quieres llegar tan lejos que nos tengas, que me tengas que abandonar? Mira a tu alrededor si alguno de nuestros vecinos ha llegado tan lejos. Cierto, su situación es diferente a la nuestra y no tienen ningún motivo para querer mejorar su situación, pero incluso sin comparar hay que comprender que contigo todo está en el buen camino. Te enfrentas a impedimentos, a decepciones y dudas, pero eso sólo significa lo que ya sabÃamos de antemano, que no te van a regalar nada, que te vas a tener que ganar en dura lucha cada minucia, y ése es un motivo más para estar orgulloso y no deprimirte. Y, además, Barnabás, también luchas por nosotros. ¿No significa eso algo para ti? ¿No te da nuevas fuerzas? ¿No te alegras de que yo esté feliz y orgullosa de tener un hermano como tú? ¿No te ofrece ninguna seguridad? En realidad, no me decepcionas en lo que has logrado en el castillo, sino en lo que yo he logrado contigo. Puedes ir al castillo, eres un continuo visitante de las oficinas, pasas dÃas enteros en la misma estancia que Klamm, eres un mensajero reconocido oficialmente, puedes reclamar un traje oficial, recibes muchas misivas para entregar, todo eso eres, todo eso puedes y, sin embargo, bajas del castillo y en vez de abrazarnos llorando de felicidad, parece abandonarte todo tu valor en cuanto me ves, entonces dudas de todo, sólo te tientan los zapatos; la carta, en cambio, esa garantÃa de nuestro futuro, la dejas tirada». Asà hablo con él y después de habérselo repetido dÃa tras dÃa, coge suspirando la carta y se va. Pero es probable que no se deba al efecto de mis palabras, sino que se ve impulsado a volver al castillo y sin cumplir el encargo jamás osarÃa regresar.