El Castillo
El Castillo —Qué imaginación más desbocada tienes, Pepi —dijo K—. No es verdad que hayas descubierto ahora todas esas cosas, no son más que sueños producto de vuestra oscura y estrecha habitación de criadas, que allà abajo tienen su razón de ser, pero que aquÃ, al aire libre de la taberna, resultan extraños. Con esos pensamientos no podÃas afirmarte aquÃ, eso es evidente. Incluso tu vestido y tu peinado, de los que tanto te vanaglorias, sólo son producto de la oscuridad y de las camas de vuestra habitación; allà pueden ser muy bonitos, aquÃ, sin embargo, todos se rÃen de ellos ya sea en secreto o en público. ¿Y qué cuentas más? ¿Que han abusado de mà y me han estafado? No, querida Pepi, de mà han abusado tan poco como de ti y me han estafado tan poco como a ti. Es cierto que Frieda me ha abandonado o, como tú te expresas, se ha escapado con los ayudantes; vislumbras un destello de la verdad, y es realmente muy improbable que se convierta en mi esposa, pero no es cierto que me haya hartado de ella o que la hubiera expulsado al dÃa siguiente o que me hubiera engañado como quizá una mujer engaña a un hombre. Vosotras, las criadas, estáis acostumbradas a espiar a través del ojo de la cerradura y de esa costumbre deriváis la forma de pensar consistente en deducir, de forma magistral pero completamente falsa, el todo de una pequeñez que realmente veis. La consecuencia de ello es que en este caso, por ejemplo, yo sé menos que tú. Tampoco puedo explicar tan detalladamente como tú por qué Frieda me ha abandonado. La explicación más probable me parece la que tú has insinuado pero sin sacarle el partido necesario: que la he descuidado. Eso es, por desgracia, cierto. La he descuidado, pero eso tuvo motivos especiales que no vienen ahora a cuento; serÃa feliz si regresara a mÃ, pero volverÃa a descuidarla en seguida. Asà es. Cuando estaba conmigo, me encontraba continuamente en mis peregrinajes, tan ridiculizados por ti, ahora que se ha ido, no tengo casi ninguna ocupación, estoy cansado, tengo deseos de no ocuparme absolutamente de nada. ¿No tienes ningún consejo para mÃ, Pepi?