El Proceso

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Así era hoy. El subdirector entró en seguida, permaneció cerca de la puerta, limpió sus quevedos era una nueva costumbre que había adquirido, miró a K y, a continuación, para no dar la impresión de fijarse demasiado en él, paseó la mirada por la habitación. Era como si aprovechase la oportunidad para examinar su vista. K resistió sus mira das, incluso sonrió un poco e invitó al subdirector a que tomase asiento. K se reclinó en su sillón, lo acercó un poco al subdirector, tomó los papeles necesarios y comenzó a informarle. El subdirector parecía s como si apenas escuchara. La tabla de la mesa de K estaba rodeada por una pequeña moldura labrada. Toda la mesa estaba excepcionalmente trabajada y también la moldura era de madera y estaba sólidamente adosada a la tabla. Pero el subdirector hizo como si hubiese encontrado ahí precisamente una pieza suelta y quisiera repararla con el dedo índice. K pensó en interrumpir su informe, pero el subdirector no quiso, pues él, como explicó, lo escuchaba y comprendía todo. Mientras K era incapaz de sonsacarle una mera indicación, la moldura parecía requerir un tratamiento especial, pues el subdirector sacó una navaja de bolsillo, tomó la regla de K como palanca e intentó elevar la moldura para poder encajarla mejor. K había incluido en su informe una propuesta novedosa, la cual esperaba que ejerciera un efecto especial en el subdirector, pero cuando llegó el momento de mencionarla, no pudo parar, tanto le obsesionaba el trabajo o, mejor, tanto se alegraba de esa conciencia, cada vez más rara, de que aún era alguien en el banco y de que sus pensamientos tenían la fuerza de justificarle. Tal vez fuese esa forma de justificarse la mejor, y no sólo en el banco, sino también en el proceso, quizá mucho mejor que cualquier otra defensa ya intentada o planeada. Con su prisa por decirlo todo, K no tuvo tiempo de desviar la atención del subdirector de su actividad, se limitó, dos o tres veces, mientras leía, a pasar la mano sobre la moldura con un ademán tranquilizador, para, así, sin ser consciente de ello, mostrar al subdirector que la moldura no tenía ningún defecto y que, si encontraba uno, era mas importante escuchar y comportarse decentemente que cualquier mejora en el mueble. Pero el subdirector, como ocurre con frecuencia con hombres activos, asumió ese trabajo con celo, ya había levantado un trozo de moldura y ahora sólo le quedaba ir introduciendo las columnitas en sus agujeros respectivos. Eso era lo más difícil de todo. El subdirector se tuvo que levantar e intentó presionar con las dos manos la moldura contra la tabla. Pero no lo consiguió ni empleando todas sus fuerzas. K, mientras leía aunque combinaba la lectura con muchas explicaciones, sólo había percibido fugazmente que el subdirector se había levantado. Aunque apenas había perdido de vista la actividad complementaria del subdirector, supuso que el movimiento de éste se había debido a su informe, así que también se levantó y le extendió un papel al subdirector. El subdirector, mientras tanto, había comprendido que la presión de las manos no bastaría, así que se sentó con todo su peso encima de la moldura. Ahora lo consiguió, las columnitas se introdujeron chirriando en sus agujeros, pero una de ellas se quebró y la moldura se partió en dos.


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