El Proceso
El Proceso Anna me tiene que traer el desayuno dijo K, e intentó averiguar en silencio, concentrándose y reflexionando, quién podrÃa ser realmente aquel hombre. Pero éste no se expuso por mucho tiempo a sus miradas, sino que se dirigió a la puerta, la abrió un poco y le dijo a alguien que presumiblemente se hallaba detrás:
Quiere que Anna le traiga el desayuno.
Se escuchó una risa en la habitación contigua, aunque por el tono no se podÃa decir si la risa provenÃa de una o de varias personas. Aunque el desconocido no podÃa haberse enterado de nada que no supiera con anterioridad, le dijo a K con una entonación oficial:
Es imposible.
¡Es lo que faltaba! dijo K, que saltó de la cama y se puso los pantalones con rapidez. Quiero saber qué personas hay en la habitación contigua y cómo la señora Grubach me explica este atropello.
Al decir esto, se dio cuenta de que no deberÃa haberlo dicho en voz alta, y de que, al mismo tiempo, en cierta medida, habÃa reconocido el derecho a vigilarle que se arrogaba el desconocido, pero en ese momento no le pareció importante. En todo caso, asà lo entendió el desconocido, pues dijo:
¿No prefiere quedarse aqu�
Ni quiero quedarme aquÃ, ni deseo que usted me siga hablando mientras no se haya presentado.
