El Proceso
El Proceso K intentó prestar atención a lo que decía el subdirector. No carecía de importancia para él, pues esa invitación del subdirector, con el que nunca se había llevado bien, suponía un intento de reconciliación de su parte y, al mismo tiempo, mostraba la importancia que K había adquirido en el banco, así como lo valiosa que le parecía al segundo funcionario más importante del banco su amistad o, al menos, su imparcialidad. Esa invitación suponía, además, una humillación del subdirector, por más que la hubiera formulado por encima del auricular mientras esperaba la conexión telefónica. Pero K se vio obligado a ocasionarle una segunda humillación, dijo:
¡Muchas gracias! Pero por desgracia el domingo no tengo tiempo, tengo un compromiso.
Es una penadijo el subdirector, que se concentró en su conversación telefónica. No fue una conversación corta y K permaneció todo el tiempo pensativo al lado del teléfono. Cuando el subdirector colgó, K se asustó y dijo para disculpar su pasiva permanencia allí:
Me acaban de llamar por teléfono, tendría que ir a algún sitio, pero se les ha olvidado decirme la hora.
Pregunte usteddijo el subdirector.