La Condena
La Condena Si uno pudiera ser un piel roja, siempre alerta, cabalgando sobre un caballo veloz, a través del viento, constantemente sacudido sobre la tierra estremecida, hasta arrojar las espuelas, porque no hacen falta espuelas, hasta arrojar las riendas, porque no hacen falta las riendas, y apenas viera ante sà que el campo era una pradera rasa, habrÃan desaparecido las crines y la cabeza del caballo.
Porque somos como troncos de árboles en la nieve. Aparentemente, sólo están apoyados en la superficie, y con un pequeño empujón se los desplazarÃa. No, es imposible, porque están firmemente unidos a la tierra. Pero cuidado, también esto es pura apariencia.
