La metamorfosis y otros relatos
La metamorfosis y otros relatos Un artista del trapecio —como es bien sabido, este arte que se practica en las alturas de los circos es uno de los más difÃciles— habÃa organizado su vida de tal manera —primero por afán profesional de superación, luego por una costumbre que se volvió tiránica— que, mientras trabajaba en la misma empresa, permanecÃa dÃa y noche en el trapecio. Todas sus necesidades —por otra parte muy escasas— eran satisfechas por empleados que se relevaban y vigilaban desde abajo. Todo lo que el artista necesitaba lo subÃan y bajaban en cestillos concebidos a tal efecto.
Esta forma de vida no planteaba al trapecista especiales problemas para con los demás. Sólo resultaba un poco molesto durante los otros números del programa porque, como no se podÃa disimular su presencia allá arriba, aunque permanecÃa quieto siempre algún espectador miraba hacia él. Pero los directores se lo consentÃan, porque era un artista único, insustituible. Además, era bien sabido que no vivÃa asà por capricho, pues sólo de aquella manera podÃa estar siempre en plena forma y mantener la suma perfección de su arte.
Por otra parte, allá arriba se estaba muy bien.
