La metamorfosis y otros relatos
La metamorfosis y otros relatos CabrÃa pensar que este ser tuvo en otro tiempo alguna forma identificable y ahora está roto. Pero no parece probable; por lo menos, no hay nada que lo indique; no se ve ningún muñón o superficie de rotura que corrobore esta hipótesis; es un conjunto bastante insensato, pero a su manera bien definido. En cualquier caso, no se puede llevar a cabo un estudio detallado, porque Odradek es extraordinariamente ágil y no se le puede apresar.
Se esconde alternativamente en la buhardilla, debajo de la escalera, en los pasillos, en el vestÃbulo. A veces no se le ve durante meses; seguramente se ha ido a otra casa; pero siempre regresa, fielmente, a la nuestra. A veces, al salir y encontrarlo en la escalera, uno siente deseos de hablarle. Naturalmente, sin hacerle preguntas difÃciles, más bien tratándolo —su tamaño diminuto es tal vez el motivo— como a un niño.
—¿Cómo te llamas?
—Odradek —contesta.
—¿Dónde vives?
—Domicilio desconocido —dice, y rÃe, con la risa de alguien que no tiene pulmones. Recuerda el susurro de las hojas caÃdas.
Y asà termina generalmente la conversación. Por otra parte, no siempre contesta: con frecuencia se queda mucho tiempo callado, como la madera de que parece estar hecho.