La metamorfosis y otros relatos
La metamorfosis y otros relatos —Estoy atontado de tanto madrugar —se dijo—. No duermo lo suficiente. Hay viajantes que viven mucho mejor. Cuando a media mañana regreso a la fonda para anotar los pedidos, me los encuentro desayunando cómodamente sentados. Si yo, con el jefe que tengo, hiciese lo mismo, me despedirÃan en el acto. Lo cual, probablemente, serÃa lo mejor que me podrÃa pasar. Si no fuese por mis padres, ya hace tiempo que me hubiese marchado. Hubiera ido a ver al director y le habrÃa dicho todo lo que pienso. Se caerÃa de la mesa, ésa sobre la que se sienta para, desde aquella altura, hablar a los empleados, que, como es sordo, han de acercársele mucho. Pero todavÃa no he perdido la esperanza. En cuanto haya reunido la cantidad necesaria para pagarle la deuda de mis padres —unos cinco o seis años todavÃa—, me va a oÃr. Bueno; pero, por ahora, lo que tengo que hacer es levantarme, que el tren sale a las cinco.
Volvió los ojos hacia el despertador, que tictaqueaba encima del baúl.
—¡Dios mÃo! —exclamó para sÃ.
