La metamorfosis y otros relatos
La metamorfosis y otros relatos Mientras pensaba atropelladamente, sin decidirse a levantarse, y justo en el momento en que el despertador daba las siete menos cuarto, llamaron a la puerta que estaba junto a la cabecera de la cama.
—Gregorio —dijo la voz de su madre—, son las siete menos cuarto. ¿No tenÃas que ir de viaje?
¡Qué voz tan dulce! Gregorio se horrorizó al oÃr en cambio la suya propia, que era la de siempre, pero mezclada con un penoso y estridente silbido, en el cual las palabras, al principio claras, se confundÃan luego y sonaban de forma tal que uno no estaba seguro de haberlas oÃdo. Gregorio hubiera querido dar una explicación detallada; pero, al oÃr su propia voz, se limitó a decir:
—SÃ, sÃ. Gracias, madre. Ya me levanto.
A través de la puerta de madera, la transformación de la voz de Gregorio no debió de notarse, pues la madre se tranquilizó con esta respuesta y se retiró. Pero este breve diálogo reveló que Gregorio, contrariamente a lo que se creÃa, estaba todavÃa en casa. Llegó el padre a su vez y, golpeando ligeramente la puerta, llamó:
—¡Gregorio! ¡Gregorio! ¿Qué pasa?
Esperó un momento y volvió a insistir, alzando la voz:
—¡Gregorio!