Correspondencia
Correspondencia […] Usted solicita mi juicio sobre su tratado acerca de la fe y la oración. ¿Sabe usted a quién se dirige? A alguien que no conoce ningún otro medio —que sea convincente en el último momento de la vida— sino la más pura sinceridad en cuanto a los sentimientos más Ãntimos del corazón; alguien que como Job considera pecado adular a Dios y hacer confesiones Ãntimas impulsado tal vez por el temor, pero sin coherencia con el espÃritu libre en su fe. Yo distingo la doctrina de Cristo de la noticia acerca de ella, de modo que para adoptar aquélla en su pureza, busco, en primer lugar, extraer la enseñanza moral segregada del conjunto de las proposiciones neotestamentarias. Ésta es ciertamente la enseñanza básica del Evangelio, el resto puede ser doctrina auxiliar del mismo, porque lo último sólo dice lo que Dios ha hecho para venir en ayuda de nuestra debilidad de cara a la justificación ante Él […]
[…] Enciendo por lo que antes he llamado «proposiciones neotestamentarias» [Sätzungen], todo aquello de lo que se puede tener convicción sólo por noticia histórica; y que al mismo tiempo es recomendado en orden a la confesión y observancia, como condición de bienaventuranza [Seligkeit]. Bajo fe moral, entiendo la confianza incondicionada en la ayuda divina, respecto de todo el bien que de ninguna manera está en nuestro poder, por muy encarecidos que sean nuestros esfuerzos.