Correspondencia
Correspondencia Que el Sr. Mendelssohn haya dejado de lado mi libro me resulta muy desagradable; espero sin embargo que eso no será asà ya para siempre. Él es el hombre más importante entre todos los que pueden ilustrar al mundo en este asunto; después de él, el Sr. Tetens y usted, mi queridÃsimo, son las personas con las que cuento por encima de los demás. Le ruego que, junto a mis mayores respetos le transmita [a Mendelssohn] una recomendación dietética que yo me he aplicado a mà mismo y que —dada la similitud de nuestros estudios y la debilidad de salud que nos provocan— creo que podrÃa servir tal vez para devolverle al mundo ilustrado a un hombre tan excepcional, que se aparta de él con todo derecho si piensa que una actividad asà no es compatible con su salud. La recomendación es la siguiente: desde hace cuatro años, habiéndome percatado de que estudiar por las tardes y sobre todo al anochecer, y de que leer sin interrupción libros aunque sean fáciles, no es en absoluto compatible con mi salud, he decidido, aunque estoy en casa prácticamente todas las tardes, más que concentrarme, distraerme con una lectura fácil pero interrumpida frecuentemente con pausas, a la vez que con reflexiones deshilvanadas sobre materias, tal como se me presentan por sà mismas, azarosamente; en cambio, tras una noche tranquila me ocupo toda la mañana en reflexionar y escribir incluso hasta la fatiga; de este modo mi salud ha aumentado notablemente, puesto que la distracción de lo que resta de dÃa remedia todas las agresiones a la fuerza vital. En este consejo, que doy a un hombre preeminente, que ciertamente no necesita que yo se lo dé, estoy interesado yo mismo, puesto que su genio […] [incompleta en la Ak. Ausgabe.]