Correspondencia
Correspondencia ¿TendrÃa Su Excelencia la amabilidad de poner remedio a las molestias [que padecen] quienes viven junto al Schlossgraben, por causa del rezo estentóreo de los farsantes de la cárcel? No creo que tuvieran razón para quejarse —como si se pusiera en peligro la salvación de su alma—, porque su voz al cantar se moderase por lo menos hasta el punto de que pudieran oÃrse a sà mismos con las ventanas cerradas (en cuyo caso, tampoco harÃa falta que gritaran con todas sus fuerzas). El testimonio del guardián, sobre que son gente muy temerosa de Dios —que es lo que parece propiamente importarles—, lo podrÃan obtener igualmente, puesto que los podrá oÃr, y en resumidas cuentas sólo se rebajarán al tono que los piadosos vecinos de nuestra noble ciudad [necesitan] para sentirse suficientemente despiertos en sus casas. Si tuviera la amabilidad de llamar al guardián, una palabra que convirtiera lo dicho más arriba en regla permanente para él, remediará para siempre este desatino y librará de desasosiego a alguien a quien usted se ha esforzado por favorecer con toda bondad en numerosas ocasiones; y que en todo momento, con el más profundo respecto es, de Su Excelencia seguro servidor,
KANT