Correspondencia
Correspondencia ¿No le ha hecho llegar el Sr. Friedländer nada en relación con una máquina tejedora inventada aquí, acerca de lo cual le escribí rogándole su benévola colaboración? Aunque han transcurrido ya varias semanas, no me ha contestado todavía. ¿Le habrá molestado que añadí en la cubierta: famoso comerciante judío, no dando por supuesto que sería suficientemente conocido en Berlín, de modo que la carta le llegara con el mero sobrescrito de su nombre? Lo hice así porque no sabía a ciencia cierta si su nombre era David; y añadí ese enunciado para que la carta, debido a algún malentendido, no fuese a parar por ejemplo a un cristiano que podría también llamarse Friedländer. Si tuviese usted la bondad de hablarle de aquel asunto, le ruego en tal caso se sirva darme rápidamente una respuesta sobre si se puede o no hacer algo en relación con ello.
Por lo que hace a mis trabajos filosóficos, me he comprometido en una tarea bastante complicada y dilatada para mi edad, pero progreso a tan buen ritmo, en particular en relación con la revisión que estoy elaborando ahora, y tengo una esperanza tan grande de llevar los asuntos de la metafísica por una vía tan segura, que ello me sirve como estímulo y refuerzo para llevar a término mi plan.