Correspondencia
Correspondencia Su valioso tratado sobre la facultad de representación, apreciadÃsimo amigo, sà ha llegado a mis manos. He podido formarme parcialmente un juicio con el suficiente alcance como para no ignorar los nuevos caminos [que se ofrecen] a la hora de alcanzar la completa aclaración de esta complicada materia, pero no lo bastante como para poder emitir un juicio sobre el conjunto. Esto último lo reservo para las vacaciones de Navidad, ya próximas. Me parece que usted, hombre querido, toma mi demora por indiferencia, como si a sus trabajos, siempre extraordinariamente apreciados y admirados por mà por su claridad y precisión, sólo les fuese posible encontrar un sitio en mi estanterÃa, sin que yo encuentre tiempo para meditarlos y estudiarlos. ¿Cómo es posible suponer esto del que espera de la claridad y rigor de sus ideas el desarrollo y exposición luminosa que él mismo no sabe dar a sus trabajos? Envejecer es un fastidio. Uno se ve paulatinamente obligado a trabajar mecánicamente con el fin de conservar las fuerzas fÃsicas y psÃquicas. Desde hace años considero necesario para mà no dedicar las tardes a un estudio continuado, tanto si se trata de leer un libro como de la elaboración de otro; lo hago más bien de manera interrumpida cambiando los asuntos en los que me entretengo, ya sea en la lectura o en el pensamiento, para no debilitar mi descanso nocturno. En compensación, me levanto temprano y estoy ocupado toda la mañana, parte de la cual me la arrebatan las lecciones. En el sexagésimo sexto año de edad las investigaciones sutiles son por lo demás cada vez más dificultosas y uno quisiera poder descansar de ellas si se tiene la suerte de que otros quieren encargarse de continuarlas. Esto último creo hallarlo en su persona, por lo que le estoy vivamente obligado, lo mismo que indefectiblemente le estará el público. Tengo en el tintero algo sobre Eberhard. Esto y la CrÃtica del Juicio le llegarán presumiblemente por Pascua. Mi amigo Kraus se encomienda a usted con afecto. Ahora me queda esperar de su temple contrario a toda sofisterÃa especulativa que se libre de ella por sà mismo; entonces sà que el trabajo de usted serÃa el primero que él estaña dispuesto a examinar. Por lo demás sigo siendo, con el más ferviente respeto y afecto, suyo,