Correspondencia
Correspondencia A ti te llamo como un creyente llama a su Dios pidiendo ayuda, pidiendo consuelo, o como despedida para la muerte; me bastaron en tus obras tus razones sobre el mundo futuro; por eso recurro a ti, pues nada, absolutamente nada encontré en esta vida que me pudiera sustituir a mi bien perdido; pues amaba un objeto que a mi parecer concentraba todo en sí, de modo que sólo viví para él; era para mí la contrapartida de todo lo demás, porque todo lo demás me parecía fruslería, y todos los hombres eran para mí realmente como un parloteo vacío; pues bien, he ofendido a este objeto durante mucho tiempo con una mentira que le he descubierto ahora, mentira que por otra parte sin embargo no significaba daño alguno para mi personaje, pues no he tenido en mi vida ningún lastre que tuviera que ocultar; pero la mentira le bastó y su amor desapareció; es un hombre honrado, y por eso no me niega amistad y fidelidad, pero aquel sentimiento intenso que sin que nadie lo llamara nos unió ya no existe. Oh, mi corazón estalla en mil pedazos; si no hubiera leído tanto escrito por usted, seguro que ya habría cambiado violentamente mi vida, pero me detiene la conclusión que hube de sacar de su teoría, a saber: que no debo morir, por mi vida torturada, como vivir en razón de mi ser. Póngase en mi situación y deme consuelo o condenación; he leído su metafísica de las costumbres incluyendo el imperativo categórico, y no me ayuda para nada, mi razón me abandona cuando más la necesito; te imploro una respuesta, te imploro, ¿o [es que] tú mismo no puedes actuar tampoco según tu establecido imperativo?