Correspondencia
Correspondencia Mi plan entretanto ha consistido, de una parte, en escribir yo mismo un acervo de pequeños tratados, y, en parte, en invitar a hacerlo a algunos eruditos de parecida forma de pensar, instituyendo con esto, digamos que una sociedad privada donde se evite todo lo que echa a perder con demasiada frecuencia a las sociedades cientÃficas públicas. Los miembros estrictos habrÃan de ser un pequeño número de filósofos escogidos, familiarizados también con matemáticas y fÃsica, porque en mi opinión, un purus pulus metaphysicus está hecho como si le faltase un sentido, como al ciego la vista. Los miembros de esta sociedad tendrÃan que compartir sus escritos, o al menos cierta temática suficiente de los mismos, para dejarse ayudar en caso necesario allà donde varios ojos pueden ver más que uno. Dado el caso, empero, que uno se mantenga en su opinión, podrÃa darla a la imprenta, pero lo harÃa con la modestia correspondiente, en la conciencia de que puede equivocarse. Los tratados filosóficos, asà como también los de teorÃa del lenguaje y de las ciencias bellas habrÃan de ser los más frecuentes, los de fÃsica y matemáticas tendrÃan que ser también admitidos igualmente, sobre todo cuando colindasen con lo filosófico.