Correspondencia
Correspondencia ¿Su Il. Exc.ª pregunta ahora si estas verdades son sensibles? Puedo concederlo plenamente. Pero da la impresión de que la dificultad que subyace a los conceptos de tiempo y espacio puede plantearse sin tomar en consideración esta pregunta. Las cuatro primeras proposiciones del § 14 me parecen totalmente correctas, y está muy especialmente bien que en el 4.º su Il. Exc.ª insista en el verdadero concepto de continuidad, [concepto] que parecÃa estar completamente perdido en metafÃsica, solapado totalmente con un complexus entium simplicium, obligado a cambiar, por tanto. La dificultad se encuentra en realidad en la tesis 5.ª. Su Il. Exc.ª establece la proposición: Tempus est subiectiva conditio, etc., no como una definición; siendo asà que deberÃa ciertamente indicar algo propio y esencial del tiempo. El tiempo es indiscutiblemente una conditio sine qua non que va unida a la representación de las cosas sensibles y de toda cosa que esté ligada al tiempo y al espacio. Y al hombre le es especialmente necesario para esta representación. Es también intuitus purus, no substancia, no mera relación. Difiere de la duración tanto como el lugar del espacio. Es una especial determinación de la duración. Tampoco es accidente, que quede suprimido junto con la sustancia, etc. Concedamos todas estas proposiciones. No conducen a ninguna definición; justo la mejor definición será siempre que tiempo es tiempo, mientras no se le quiera definir —y ciertamente de manera muy inconveniente— por sus relaciones a las cosas que están en el tiempo, dejándose introducir con ello en un cÃrculo lógico. El tiempo es un concepto más determinado que la duración y también por eso proporciona más proposiciones negativas. P. e.: lo que está en el tiempo dura. Pero no al revés, en cuanto que para estar en el tiempo se exige un comienzo y un final. La eternidad no está en el tiempo, porque su duración es absoluta. Una substancia que tiene una duración absoluta, no está tampoco en el tiempo. Todo lo que existe dura, pero no todo está en el tiempo, etc. En el caso de un concepto tan claro como el tiempo no faltan las proposiciones. Ello parece deberse a que no se tiene que definir el tiempo y la duración, sino sólo pensarlos. Todos los cambios están ligados al tiempo y no pueden ser pensados sin tiempo. Si los cambios son reales, entonces el tiempo es real, sea éste lo que sea. Si el tiempo no es real entonces tampoco es real cambio alguno. Y yo quiero pensar que incluso un idealista tiene que admitir cambios al menos en sus representaciones, tales como el comienzo y la finalización de las mismas; lo cual realmente ocurre y existe. Esto implica que el tiempo no puede ser visto como algo no real. No es ninguna sustancia, etc., pero sà una determinación finita de la duración y con la duración tiene algo de real, consista ello en lo que consista. Si no puede ser denominado con nombre alguno tomado de otras cosas sin peligro de malentendido, entonces, o debe recibir un nombre inventado, uno inédito, o permanecer innominado. Lo real del tiempo y del espacio parece tener algo de simple y algo de heterogéneo con respecto a todo lo demás, que sólo se puede pensar, pero no definir. La duración parece inseparable de la existencia. Lo que existe dura, o absolutamente, o en un trecho de tiempo; y a la inversa, lo que dura, mientras dura, tiene necesariamente que estar a la mano. Cosas existentes de duración no absoluta se ordenan según el tiempo en tanto que comienzan, continúan, cambian, cesan, etc. Puesto que no puedo negar realidad a los cambios, mientras no se me enseñe otra cosa, tampoco puedo decir que el tiempo —y el espacio— son sólo un instrumento en orden a las representaciones humanas. Por lo demás, en lo que concierne a las expresiones usuales referidas al tiempo en las lenguas, es bueno anotar la multiplicidad de sentidos que ahà tiene la palabra tiempo. P. e.